Después de mucho tiempo siento la urgencia de que mis palabras escritas funcionen como un clasificador de archivo y ordenen mi caos mental. Muchas otras veces antes sirvieron como el desagote de un cerebro saturado de conjeturas y preguntas sin posible respuesta. También, y la mayoría de las veces, como el lenguaje de un sentir que me estallaba en el pecho y era necesario liberar. Hoy el amor me encuentra calma, fluyendo como nunca antes, como ya pensé que sólo le pasaba a otros pero nunca a mí. Sin embargo todo lo vivido me exige una relectura, momentos claves aparecen constantemente como plantados que hoy tienen su recuperación y su consecuente resignificación. Entiendo, de manera muy superficial aún, que todo lo sucedido (cada oportunidad tomada o perdida, cada persona que sigue a mi lado o quedó en el camino) guarda una lógica interna que se develará sólo al final de esta historia. Mientras tanto me resta asimilar el devenir de la vida esperando entender algún día, de a poco, dejándome llevar, confiando en que teniendo en claro que es lo que no quiero para mí, permaneceré en el camino correcto. El camino que me llevará a lo que hoy por hoy resulta un misterio: ¿qué es lo que sí quiero?.
Hace casi 10 años ya, y después de superar grandes miedos, lo supe. Visto de afuera fue un simple cambio de escuela; desde la historia de mi vida fue la ruptura del orden, de lo previsible. Fue salirme y por fin asumir que ser una mina común y corriente, con una vida de manual, no era lo mío. Fue comenzar a separarme del camino de mis viejos, que fueron y son felices e infelices a su manera. Fue dar un volantazo costoso, pero que definió todo lo que iba a venir después: los amigos que elegí y elijo, el arte que me atrapó para siempre y la certeza de que nada es seguro. De esta época recuerdo con cariño, y con una ilusión que hasta el día de hoy no abandono, mi inestable pero incondicional relación con la música. La dupla que estremeció mi adolescencia: la guitarra y los Beatles, los Beatles y la guitarra. Ya no recuerdo qué fue primero. Arrancar las cuerdas de mis dedos fue una de las cosas más difíciles que tuve que hacer en mi vida. Pero la frustración había ganado. En ese momento, al menos. La guitarra para mí es como un ex bastante terco y recurrente que nunca puedo abandonar del todo.
Luego el salir a la vida, un poco más real, pero todavía atrapada en una coraza de inseguridades que me impedían descontracturarme. Todo cumplía el mismo ciclo: primero un enamoramiento exagerado y luego una decepción profunda. Esa era la fórmula de mis amores y de mis proyectos. Hasta que llegaron otra vez las dudas irreversibles y finalmente la insatisfacción. Justo cinco años después de mi primera crisis, decidí que dar rodeos no me llenaba, que dejar un poco tranquilos a mis viejos no me solucionaba la vida. Que esa cosquillita que sentí en la panza la primera vez que vi algo que filmé en pantalla grande (allá por la secundaria) era algo que ya no podía ignorar. O dejar para después. Saqué coraje de donde aún hoy ni sé dónde tenía, abandoné el esfuerzo de cuatro largos años y me anoté en la escuela de cine.
Y desde ese momento, mi vida se direccionó definitivamente hacia otro lugar. Lejos estaba (y estoy) de que eso me diera alguna seguridad, pero por cómo se sucedieron los hechos hasta hoy, la única seguridad que tengo es de que no me equivoqué. Como si la vorágine de cambios hubiera provocado un terremoto en mi mundo, no pararon de sucederme cosas que me marcarían para siempre. Mi primer y todavía incomprensible amor, el viaje que siempre soñé, mis primeros laburos, irme a vivir sola. Me pasaron más cosas significativas en estos últimos cinco años que en los 26 que viví. Cometí errores, aprendí, reincidí, me animé, me guardé cosas, me entregué, me alejé y me acerqué a mí. Cada vez más.
Hoy siento la necesidad de escribir todo esto para darme un empujón. Porque si las matemáticas no fallan, mis crisis regulares cada cinco años exigen un punto de giro en esta página del relato. Un ciclo académico casi terminado. Siempre "casi", no sea cosa de que se termine en serio y realmente tenga que dedicarme a lo que siempre quise, ¿no?. Un trabajo estable pero ya incómodo, que me hizo vivir una de las humillaciones más grandes en lo que a amores respecta, pero que me retribuyó con una venda para esa cicatriz sangrante, que resultó ser mucho más y hoy es parte de mi piel. Un trabajo que también me hizo encontrar personas con inquietudes sorprendentemente similares a las mías, que hoy ya son amigos que espero conservar. Un trabajo del que exprimí todo lo que podía y hoy da la señal de alarma: es hora de pasar a la siguente etapa. Y la cuestión en realidad no radica en el trabajo en sí, que solamente refleja un estado de comodidad obseno, comodidad que reproduzco en casi todos los ámbitos de mi vida. La cuestión es empezar un proceso, con la certeza de la duda absoluta de qué pasará mañana. Con la incertidumbre de si me estoy acercando o no a mis sueños, pero con la seguridad de que al menos no me estoy alejando. Con el plus de que estos últimos 10 años no fueron en vano y que dejaron secuelas en mí. Que se reflejan en mi sonrisa más sincera, en mi puteada más visceral, en mi espontaneidad inesperada. No soy otra, soy la misma de siempre. La única diferencia es que me tenía atada y sedada, y claro, visto de afuera sorprende. A mí no.
Curiosamente cuando comencé con este blog tenía las mismas ideas dando vueltas por la cabeza. Me tranquiliza saber que mi intranquilidad atraviesa y define mi accionar. Porque nada malo puede resultar de eso. Nada malo puede traer el fin de un ciclo y el comienzo de otro, si me hago cargo, si me las juego. Si me sigue dando más miedo quedarme cómoda que tirarme al mismísimo abismo.
3 comentarios:
puff. los cambios dan miedo, pero es lo único que debe permanecer, por más pequeño que sea o por más grande que sea! sí quizás te vemos diferente como decis, pero seguramente todas lo estamos a nuestra forma...y una de las únicas certezas que uno tiene es que si quiere a la otra persona es totalmente necesario el hecho de decir: sé feliz, como quieras pero sé feliz. La vida es una sola, de chica me parecía muy larga, ahora, hoy me parece muy corta. Me levanto todas las mañanas soñando con hacer cosas, que estoy segura al menos intentaré lograr. Y en esa finitud de la vida, lo importante son los momentos que muchas veces por estúpidos no vemos, lo importante es cagarnos de risa entre amigos, llorar de alegría entre nosotros, escuchar música y que se te ponga la piel de pollo..sí el arte es algo que ya no nos vamos a poder sacar de encima, simplemente porque no queremos. Te quiero mucho nenita, sé que son palabras que quizás suenen comunes y corrientes...pero no. Se me hace un nudo en el pecho cuando lo escribo y me doy cuenta de lo relevante que sos y fuiste en mi vida, por compartir cosas conmigo y sobre todo por abrirme la puerta hace años de un grupo maravilloso de personas que hoy son mis amigos. A veces discutimos, otras nos reímos, quiero decirte que no me importa si cambias o no..me importa que seas feliz, simplemente porque ya vos sos como la música o el arte, algo que no voy a poder sacar de mí, simplemente porque no quiero...porque vos a mi tb me haces feliz.
Un paseo por el torbellino de ideas y sentimientos de dani coló... siempre me deja reflexionando.
Esos presupuestos que uno se hace, justamente en lo que se ve superficialmente, la comodidad, la tranquilidad, la estabilidad, sin embargo por dentro se arde en ansias de un cambio radical.
Es justamente en las artes y las personas con las que uno elije compartirlas donde está el equilibrio, a la espera de ese cambio...
Por eso, me alegra que me acompañes y me compartas tu sensibilidad para la escritura y tus conocimientos y apreciaciones musicales.
Te quiero dan.
Las adoro con el alma, a las dos. No pasaron ni dos días desde que se me ocurrió escribir esto, y ya estaban acá. Acompañandome y bancandome, como siempre.
Sigamos sin saber qué carajo puede pasar mañana, pero juntas. Las quiero!
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