Hoy tengo ganas de escribir sin pensar. De decir nada. De hacer entender todo.
Cuando pienso las cosas es cuando peor me salen. Y cuando más sufro.
Posponer la acción no está funcionando. Y no me ahorra desilusiones, ni fracasos, ni dolor.
Me obsesiono por entender todo. Cómo funcionan las cosas, el mundo, las personas que habitan en él. Y me frustro dándome cuenta de que es imposible entender nada, y mucho menos controlar todo.
Mi cerebro se carga de conjeturas, análisis y anticipos imaginarios de lo que vendrá. Y nada resulta ser como lo espero. A veces para mejor, a veces para peor. Pero me encuentro habiendo estado pasando por un esfuerzo inútil que me impidió disfrutar de las cosas mientras sucedían.
Ya no quiero moverme vigilando las estrategias del otro. Ya no quiero actuar pensando en los resultados. Ya no quiero saber cómo es el otro para ser yo misma.
Quiero fijar metas e intentar cumplirlas. Pensar en mí, sólo en mí. Sostenerme con mis propios huesos. Porque nadie se merece ser esperado. Nadie haría eso por mí.
Encontrarme sola duele, pero también me hace fuerte. Encontrar que todavía tengo personas que valen a mi lado, me hace sentir orgullosa y afortunada.
Encontrar emociones, sueños y deseos en este letargo, me pone en alerta. Hay razones para despertar cada día, es mi meta encontrarlas.
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