¿Qué puede ser más profundamente triste que desilusionarse de uno mismo? Saberse mediocre. No poder sentir orgullo al mirar hacia atrás. Utilizar una máscara frente a los demás, finjiendo que se sabía lo que se hacía, que se estaba convencido de las propias acciones, de la calidad del producto propio. Y en el fondo tener la certeza de que no se hizo todo el esfuerzo posible ni se sembraron las suficientes ganas como para cosechar algo digno.
¿Y qué sucedería si no fuera así, y la pobreza de nuestra creación sólo se debiese a una simple falta de talento? ¿Tendría algún mérito de todas maneras? ¿Valdría la pena sólo por haberlo intentado?
Pánico. Terror. De verme así. De sentir eso alguna vez. De sentir un profundo vacío luego de haber tenido la ilusión de que algo me había llenado. De creerme realizada, cuando en realidad me encontraba más incompleta que nunca. De imaginarme cerca de la perfección, cuando estaba sumida en la imperfección más básica. De verme en el camino correcto, cuando todo lo que hice fue tomar el rumbo equivocado una y otra vez.
¿Habrá alguien en el camino para advertirme que me estoy desviando? ¿Alguien tendrá el coraje de decirme la verdad aunque duela?
Quizás la posibilidad más acertada -quizás la única posibilidad- sea sincerarse con uno mismo. Nadie es capaz de determinar mejor que nuestra propia conciencia si realmente dejamos el corazón, el alma y el cuerpo en nuestra obra. Más allá del resultado.
¿Y qué sucedería si no fuera así, y la pobreza de nuestra creación sólo se debiese a una simple falta de talento? ¿Tendría algún mérito de todas maneras? ¿Valdría la pena sólo por haberlo intentado?
Pánico. Terror. De verme así. De sentir eso alguna vez. De sentir un profundo vacío luego de haber tenido la ilusión de que algo me había llenado. De creerme realizada, cuando en realidad me encontraba más incompleta que nunca. De imaginarme cerca de la perfección, cuando estaba sumida en la imperfección más básica. De verme en el camino correcto, cuando todo lo que hice fue tomar el rumbo equivocado una y otra vez.
¿Habrá alguien en el camino para advertirme que me estoy desviando? ¿Alguien tendrá el coraje de decirme la verdad aunque duela?
Quizás la posibilidad más acertada -quizás la única posibilidad- sea sincerarse con uno mismo. Nadie es capaz de determinar mejor que nuestra propia conciencia si realmente dejamos el corazón, el alma y el cuerpo en nuestra obra. Más allá del resultado.
El miedo a fracasar es el que atenta contra la posibilidad de realizarnos. Partiendo de la pasión, de las ganas y de la entrega, siempre hay tiempo de volver a intentar.
O al menos eso espero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario