Estoy andando en un bosque, y de repente el sendero que venía caminando se torna difuso, se llena de raíces, hojas secas. Y cuando me doy cuenta, no puedo encontrarlo más.
Pero qué obvio que suena eso, qué trillado. Backspace y que desaparezca todo al carajo. Backspace y devuélvanme mi vida, loco. Qué pasó acá, qué es este viento infame que arrancó el árbol de raíz. Nadie me avisó nada, nadie me advirtió. Como llegó, se fue. Así, sin más.
Y ahora qué.
No encuentro los signos de pregunta en este teclado. Qué ironía, pienso. Tratando de describir lo que pasó en estas últimas semanas. En la casa de mis viejos, con la tele de fondo, en la que solía ser la computadora de mi hermana. Mientras se ejecuta el antivirus, y yo no encuentro los signos de pregunta.
Y estoy en el bosque de nuevo, y lloro desesperada, y me atraganto con mis lágrimas, y pienso que me veo ridícula. Entonces me limpio los ojos, respiro profundo y me veo a mí misma desde esta pantalla, desde arriba, en el medio del bosque. Y me río de mí. Porque ya estuve ahí antes, ya sentí esto mismo, ya lo describí unas líneas más abajo.
Y mi risa se mezla con la tuya, y mis lágrimas también. Ya no sé si río o lloro. Ya no sé si llorás o te reís. Pero nada de eso importa, porque sigo en el mismo bosque y sigo sin encontrar los signos de pregunta en este teclado. Y este relato se vuelve circular, insoportable y denso,
y no tiene cierre,
nada lo tiene.
sábado, 23 de marzo de 2013
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1 comentario:
hay que escupirle en la cara al destino a veces...
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