Hay días que encontrarse con uno mismo es insoportable.
Nos evitamos porque sabemos que ese hombre pequeñito adentro nuestro habló con sabiduría la última vez y no se equivocó.
Ese ser pequeñito y de voz aguda, pero autoritaria, que dice las verdades más duras sin anestesia previa.
Jugamos a que no existe por un rato y salimos a ver qué pasa.
Porque hay días que otra cosa no se puede hacer.
Por suerte (¿por suerte?), siempre hay gente por ahí afuera que nos recuerda eso que intentamos pasar por alto para seguir adelante.
Esa gente que, cuando menos te lo esperás, te revolea por la cara un cascote enorme y pesado de realidad.
Y como estás con la guardia baja, te pega directamente ahí donde más duele: en las ilusiones.
Y el hombrecito resurge de adentro nuestro riéndose a carcajadas, mientras nos señala con el meñique.
Y es cierto: contra los cascotes de realidad no se puede hacer mucho, están ahí y siempre estarán.
Pero yo descubrí un secreto... shhh!
Resulta que al hombrecito ese, al desgraciado que nos recuerda cada vez que nos despertamos nuestras inseguridades, limitaciones y nuestros más profundos miedos.
¡Sí, a ese!
Me dijeron que se pone loco si no le prestamos atención.
Pierde su razón de ser, se aburre y va perdiendo su poder.
Ojo, quizás es tan sólo un rumor.
Pero habría que probar la estrategia...
¿quién sabe?
Nos evitamos porque sabemos que ese hombre pequeñito adentro nuestro habló con sabiduría la última vez y no se equivocó.
Ese ser pequeñito y de voz aguda, pero autoritaria, que dice las verdades más duras sin anestesia previa.
Jugamos a que no existe por un rato y salimos a ver qué pasa.
Porque hay días que otra cosa no se puede hacer.
Por suerte (¿por suerte?), siempre hay gente por ahí afuera que nos recuerda eso que intentamos pasar por alto para seguir adelante.
Esa gente que, cuando menos te lo esperás, te revolea por la cara un cascote enorme y pesado de realidad.
Y como estás con la guardia baja, te pega directamente ahí donde más duele: en las ilusiones.
Y el hombrecito resurge de adentro nuestro riéndose a carcajadas, mientras nos señala con el meñique.
Y es cierto: contra los cascotes de realidad no se puede hacer mucho, están ahí y siempre estarán.
Pero yo descubrí un secreto... shhh!
Resulta que al hombrecito ese, al desgraciado que nos recuerda cada vez que nos despertamos nuestras inseguridades, limitaciones y nuestros más profundos miedos.
¡Sí, a ese!
Me dijeron que se pone loco si no le prestamos atención.
Pierde su razón de ser, se aburre y va perdiendo su poder.
Ojo, quizás es tan sólo un rumor.
Pero habría que probar la estrategia...
¿quién sabe?
2 comentarios:
Volví a resurgir y a comentar!, es muy cierta esta historia del hombrecito interno, yo tambien escuché un rumor... dicen que es proporcionalmente enano a la altura del ser en el que vive, así que le devuelvo todas sus burlas para conmigo diciendole que en mi caso, es casi como un pequeño ratón!
Gracias por el aguante amiga, fue un placer haber festejado el cumple de agui con pau y contigo y... sin agui... ;-)
Nos estamos viendo, y espero las fotos!!!
Quiérote!, Beso!
Dnielita
El cumpleaños de Agui sin Agui fue de las cosas más paradójicas que me han pasado últimamente.
¿Podríamos hacer una despedida de solteros sin nadie que se vaya a casar?
Toneladas de gracias por comentar!!!
Persevera y triunfarás (¿?)
Te quiero mucho amiga!
Dani
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